El ronquido y la apnea del sueño: ¿En qué consisten?
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El ronquido se define como el ruido que producen algunas personas al respirar mientras duermen, debido a la vibración de los tejidos blandos de las vías respiratorias altas. 

Al dormir se relaja la musculatura nasofaríngea, con lo que el espacio para el paso del aire se reduce y es más dificultoso, esto hace que se produzca la vibración de los tejidos del velo del paladar y la campanilla.

En pacientes que ya de por sí tienen el diámetro de estas vías respiratorias disminuido, por problemas como desviaciones del tabique nasal o mandíbulas pequeñas y retrognática, el ronquido es mucho más acentuado.

El ronquido no es escuchado por la persona que lo produce, que está dormida, sino que es oído por las personas que duermen con ella, llegando a veces a que se haga imposible el dormir cerca de la persona que ronca.

Se estima, aunque la prevalencia difiere mucho de unos autores a otros, que aproximadamente el 50% de la población mayor de 60 años ronca y el 20% de la población general, siendo más frecuente en hombres que en mujeres y viéndose agravado por la obesidad, el tabaco, el alcohol, los somníferos, etc.

Para evitarlo podemos intentar métodos caseros, como dormir un poco incorporados o boca abajo.

No obstante, para el tratamiento del paciente que ronca existen diferentes métodos médico-quirúrgicos. 

Como la resección con láser de algunos tejidos blandos faríngeos o los dispositivos de avance mandibular (DAM), que es un aparato intraoral prescrito y colocado por los odontólogos y realizado por laboratorios especializados.

Además, en el caso de no existir ninguna otra patología asociada al sueño, es cómodo y da un buen resultado en el 65% de los pacientes en que está indicado.

Este dispositivo de avance mandibular (DAM) consiste en dos férulas, una adaptada a la arcada dentaria superior y otra a la arcada inferior unidas entre sí por unos ejes, que al colocarlas obligan avanzar la mandíbula. 

El síndrome de apnea obstructiva del sueño 

En algunas ocasiones, el ronquido está asociado a una apnea obstructiva del sueño (AOS), que consiste en que la respiración se detiene a lo largo del sueño en periodos de más de 10 segundos.

Esto se debe a una obstrucción del paso del aire por las vías aéreas, provocando que estas paradas se repitan durante el sueño y generan una falta de oxigenación sanguínea

Según el número de episodios de apnea que se den a lo largo de las horas de sueño, la apnea obstructiva del sueño se clasifica en:

  • Leves (entre 5 y 15 paradas por hora)
  • Medias (entre 15 y 30) 
  • Graves (más de 30 paradas por hora).

La frecuencia del síndrome de apnea obstructiva del sueño se estima entre el 8 y el 16 % de la población adulta, siendo más frecuente en hombres que en mujeres. Mientras que en niños se da aproximadamente en el 2%. 

Todas estas estimaciones son imprecisas, debido a que son muchas las personas  que padecen  apnea obstructiva no diagnosticada.

La causa muchas veces se encuentra en la orofaringe: tabique nasal desviado, paladar largo, lengua grande, etc.  

En estos casos, el ronquido puede ser una señal de alarma sobre un posible síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS)

Otras veces la causa puede ser de origen neurológico o por una patología anatómica de las vías aéreas.  En niños, la causa más frecuente es la hipertrofia amigdalar o adenoidea.

La apnea obstructiva del sueño la diagnostica el otorrinolaringólogo mediante una exploración de las vías aéreas altas con un nasofibroscopio y con una prueba que es la poligrafía, que se puede realizar en casa, o una polisomnografía, que es más completa y se realiza en una clínica.

Existen una serie de síntomas propios de este síndrome: sueño durante el día, cansancio, irritabilidad, falta de concentración, cefaleas, hipertensión, etc. En algunos casos puede producir muerte súbita o parada cardiaca.

El tratamiento requiere de una CPAP, que es un aparato que a través de una mascarilla insufla aire por presión a las vías aéreas y favorece la oxigenación de la sangre 

En algunos casos se precisa de cirugía de avance mandibular. En niños, la resección quirúrgica de las amígdalas y adenoides soluciona frecuentemente el problema.

Actualmente, se están investigando nuevos tratamientos, como la estimulación de nervio hipogloso.